miércoles, 3 de agosto de 2011

Bye Bye Bangalore

Ahora sí que sí esto llega a su fin y toca hacer una reflexión sobre los últimos 7 meses en la otra parte del mundo. Tengo que reconocer que estuve a punto de rechazar la beca por miedo a la distancia que hay entre mi casa y la India, por miedo al tiempo que tenia que estar fuera sin poder ir y venir cuando yo quisiera, por miedo a sentirme sola... ahora solo puedo decir que es lo mejor que he podido hacer y que a quien tengo que dar las gracias por animarme a ir es a mis padres. Sé que sin un empujoncito no me hubiese atrevido y puede que haya sido unas de las mejores experiencias de mi vida. Recuerdo la primera semana, me sentía desubicada, sola, no me atrevía a cruzar la calle y solo pensaba en volver... Me sentaba en las escaleras de mi calle y llamaba a mi madre llorando.. Tenía que darme más tiempo.

El tiempo fue pasando y empecé a conocer a gente de todas las culturas y partes del mundo. Gente con la que no hubiese tenido contacto nunca si no me hubiese ido. Comencé a hacer mi vida en un país totalmente diferente, a comprar frutas y verduras mientras una rana saltaba entre mis pies y a ver normal las vacas por la calle. Aprendí a valorar la suerte que supone nacer en un país o en otro, a convivir con gente tan diferente a mi...

Nunca pensé que lo fuera a echar de menos, fueron muchos momentos de echar de menos muchas cosas, pero ahora que he vuelto y ha pasado el tiempo lo sé. La India es un país caótico, pero algo tiene que hace que la gente se quiera quedar. En mi caso no fue así aunque sí tengo claro que volveré algún día para poder viajar y ver todo aquello que no pude.

Echaré de menos y recordaré siempre Victoria Layout, esa casa desastrosa llena de bichos pero que tanto me hizo reír: la lavadora maldita que inundaba el suelo, el filtro para beber agua, el sonido de los pájaros al despertarse, el altavoz de la mezquita llamando a la oración, las lagartijas del baño, los after-parties... pero sobre todo a Poupoute, Gloria y Manisha, mis compis de piso y ahora amigas. En realidad siempre fuimos muchos más en ese piso, así que echaré de menos gente durmiendo por los huecos de la casa y los couch surfings de Manisha.

El instituto, donde tan nerviosa me he puesto y tanto me he desesperado, pero al que gracias he aumentado un poco la confianza en mi misma y he valorado que puedo hacer las cosas bien.

Al chico del café y del chai a media mañana, llegando en su bici con los termos colgando. Los puestos de fruta por la calle y la piña que tantos días me ha salvado de morir de hambre o del dichoso arroz a todas horas. Las calles, los rickshaws, los colores, los agujeros y suciedad. El ir al supermercado y no saber que comprar. Las fiestas en el hotel, los viajes, las largas distancias. Pero sobre todo la gente que he conocido( Poupoute, Gloria, Manisha, Javi, Joy, Belén, Ashwini, Rodik, Kosta, Katy, Andi...y tantos otros...), las historias que me han contado y las cosas que he aprendido.

Va a ser una experiencia difícil de igualar. Me alegro de haber podido terminar este blog y de que quedé por escrito todo lo que he vivido allí. Leerlo dentro de unos años y recordar un país como la India estoy segura que solo me traerá buenos recuerdos.

Ahora solo queda despedirme y dar las gracias a todos los que me habéis leído. Y gracias también por la despedida en Bangalore, por estar conmigo hasta que me subí al avión de vuelta y por no querer que me fuera.

¡Hasta el próximo viaje!




Indonesia-Malasia

Todo trabajo tiene su recompensa y la mía fue en uno de los paraísos más grandes que he conocido. Después del agobio de noviembre y diciembre, de las noches casi en vela y el trabajo los 7 días de la semana, llegó el esperando y tan ansiado viaje a Indonesia y Malasia.

La idea surgió de rebote. Belén me comentó que quería ir a ver a una amiga suya española que estaba trabajando en Singapur. Quería pasar unos días allí y luego irse a Bali el resto del tiempo. Desde que llegué a la India, y una de las principales razones por las que acepté la beca, mi intención siempre fue viajar. Como habéis podido comprobar eso no ha sido del todo posible, aunque al final no me lo monté tan mal para tener tan pocos días libres.

Yo también quería hacer algún viaje antes de terminar mi estancia en la India, así que organicé mi clases en el instituto de tal forma que me quedaran 10 días justo al final. Lo hablé con Belén y le pareció una idea genial. Ella no viajaba sola y yo conseguía plan de viaje.

El viaje comenzó por separado. Belén se fue dos días antes a Singapur y nos reuniríamos el tercero en Bali. Así que yo, con mi mochila a cuestas y una larga noche por delante, terminé mis clases y me subí en un taxi camino del aeropuerto de Bangalore. El plan de vuelo era el siguiente: Bangalore-Kuala Lumpur, noche en el aeropuerto de KL, y a las 9 de la mañana, Kuala Lumpur-Bali. Llegaría allí sobre las 12 de la mañana, y Belén se uniría a las 7 de la tarde. No era la primera vez que hacía un viaje sola en avión estando en la India, el problema era que tenía que pasar toda la noche en el aeropuerto de KL, algo que a mi madre no le hizo mucha gracia. Nada más aterrizar, intenté buscar un sitio cómodo en el que poder instalarme, pero me entró el hambre y el McDonals en estas situaciones siempre ayuda. Después de un intento fallido al querer pagar con tarjeta y tener que cambiar dinero arrastrando todos mis bártulos por el aeropuerto, conseguí sentarme en una mesa dispuesta a comerme una gran hamburguesa. Una vez en mi estómago, decidí leer un rato para que el tiempo se pasara más lento. Pero el sueño se fue apoderando de mí y tuve que medio tumbarme en la mesa pegando alguna cabezada que otra. Cuando me desperté eran las 3 o 4 de la mañana y todavía quedaba mucho tiempo hasta el siguiente avión. A mi lado había una niña china, de unos 7 u 8 años, bastante regordeta y disfrutando esa hamburguesa más que cualquier persona en ese Mcdonals. Me hizo mucha gracia la situación. Recogí mis cosas y me puse a deambular por el aeropuerta en busca de otro sitio donde sentarme. Al final elegí un Starbucks. Me tomé un chocolate y me puse a escuchar la conversación de una pareja que hablaba en español. Las horas fueron pasando y por fin embarqué, la primera claro ;). El viaje se me hizo cortísimo, yo solo pensaba en dormir.


Llegué a Bali con unas ganas locas de dejar todas mis cosas en el hotel e irme por fin a darme un baño. Después de sacarme el visado de llegada y ver una cantidad de guiris australianos increíble, cogí un taxi que me dejó en el hotel que Belén y yo habíamos reservado para la primera noche. ¡Qué hotel! Me quedé alucinada con la primera impresión... Hice el check-in con un zumo de bienvenida, dejé mi mochila en la habitación (que era como de peli, con una puerta de madera que se cerraba como con una tabla y una miniterraza) y me fui a la piscina directa. En ese momento,y durante algún tiempo, tumbada en la hamaca con un sandwich, sentí una tranquilidad total y comprendí un poco más a la gente que se va de vacaciones sola. Toda esa paz se terminó cuando empezaron a caer las primeras gotas. Me subí a la habitación y me quedé dormida hasta que llego Belén.


Nuestro hotel estaba en la zona de Seminyak, al oeste de la isla. Era una zona pegada a Legian y Kuta, zonas más turísticas, de fiesta y tiendas. Esa primera noche decidimos cenar algo por allí y ver un poco el ambiente, al día siguiente queríamos levantarnos pronto y aprovechar el día. Ya por la mañana intentamos reservar en ese mismo hotel para el resto de días, pero no había sitio. Así que nos pusimos a buscar otro sitio del mismo precio más o menos ( en el que estábamos estaba tirado para cómo era). Para ello decidimos alquilar dos motos (Belén nunca había montado) y nos reímos muchísimo. Íbamos de hotel en hotel preguntando, hasta que al final dimos con uno cerca del nuestro. Después de instalarnos de nuevo, cogimos las motos camino de la playa. (Para echar gasolina tuvimos que parar en una especie de puestillo que tenía la gasolina en botellas de vodka absolut). Ese primer día nos fuimos hasta la playa de Jimbaran, la verdad que un poco lejos para ir en moto, sobre todo porque nos tuvimos que meter en una carretera no tan pequeña y de vuelta a casa nos perdimos la una de la otra (sin pajolera idea del camino ni de la isla), llegando yo primero al hotel y esperando preocupada a Belén que no tenía móvil... Finalmente apareció y nos reímos de todo. También estuvimos en Kuta, una playa más masificada. El segundo día, ya sin motos, cogimos un taxi que nos llevo más al sur de la isla, a la playa de Padang Padang. Era una cala muy pequeña a la que se accedía bajando unas escaleras y atravesando unas rocas. Fue el día que más bueno hizo, tanto calor que no se podía estar ni en la toalla. Nos bañábamos cada dos por tres, en un agua de esas azules, transparente. Cuando se fue el sol nos acercamos a uno de los sitios más bonitos que he visto nunca, Ulu Watu, lugar para hacer surf por excelencia. Un conjunto de acantilados y montañas con casitas en medio con unas vistas impresionantes y un montón de surferos en el agua. Estuvimos sentadas un rato en una especie de “terraza” mientras hacíamos fotos y mirábamos el mar. Por último nos acercamos a un templo en la misma zona. También estaba en lo alto y tenía vistas todavía más impresionantes. Estaba lleno de monos que se dedicaban a quitar cosas a la gente, había que tener mucho cuidado de no llevar nada que pudieran coger. Tuvimos que taparnos las piernas con una tela azul.

El tercer día estuvimos en la zona de Dreamland y Balangan, una playa bastante escondida pero preciosa. Estábamos solas y volvimos a disfrutar mucho del día de playa. Lo mejor vino más tarde, cuando en un intento de coger un taxi para volver al hotel (estábamos en medio de la nada, sin circulación) entramos en lo que pensábamos que era una casa y resultó ser el paraíso: un hotel increíble, un resort como con cabañas pequeñas y unas piscinas impresionantes. Belén y yo nos quedamos alucinadas y preguntamos si podíamos tomarnos algo allí y utilizar la piscina. Así que eso hicimos. Estuvimos en la gloria, fue un autentico lujo. Finalmente nos pidieron un taxi desde allí y volvimos a nuestro hotel. Se llamaba La Joya, y que joya....

El cuarto y último día hizo malo. Lo dedicamos para ir al norte de la isla y visitar Ubud. Queríamos conocer la cultura de Indonesia y eso hicimos. Era una zona llena de templos y arrozales, con artesanos y familias dedicadas a la talla de madera y máscaras balinesas, cometas, cuadros...Una zona muy tradicional. Conseguimos entrar en la casa de una familia y alucinamos viendo como vivían. Que sensación tan diferente. Otra de las cosas que nos llamó la atención fue la hospitalidad de la gente, que en seguida se mostraba dispuesta a ayudarte con lo que fuera. Estuvimos también en un mercado que tenía millones de cosas. Después de comer en un restaurante típico balines, nos pusimos a seguir una especie de procesión con gente tocando etc. Lo que nosotras no sabíamos era que estamos detrás de un funeral. Llevaban un caballo negro en el que luego metieron un cuerpo para quemarlo. Nos quedamos mucho tiempo viendolo, nosotras y medio pueblo. Al parecer era el funeral de dos hijos de dos reyes, o dos reyes, no me acuerdo bien, pero vamos que era algo especial, no hacían eso cada vez que alguien se moría. Había un montón de música, gente tocando y señoras vendiendo “pareos” que hacen a mano para cubrirse las piernas. Todos los turistas mirábamos perplejos. Al final se puso a diluviar y no vimos como terminaba la quema de los dos cuerpos.

Se nos echaba el tiempo encima y queríamos visitar el últimos templo antes de irnos de Bali. Nos hicimos un amigo mientras veíamos el ritual que nos consiguió un taxi (bueno, un amigo suyo al que pagamos) y nos llevo hasta allí. Se llamaba Tanah lot. Parte del templo estaba en mitad del mar, de manera que cuando subía la marea la gente que allí trabajaba pasaba nadando e incluso llevaba cosas en la cabeza mientras cruzaba. También había un montón de surfistas.


Durante nuestra corta estancia en Bali hicimos un montón de comprillas, tenían cosas chulísimas, como pañuelos, zapatos... y en general todo era más barato que en España, pero nada que ver con la India claro. Un día salimos por la noche en Legian pero no nos gustó mucho el ambiente, así que decidimos no hacerlo más. Conocimos algunos restaurantes guays (el últimos día cenamos comida típica en un restaurante que habíamos visto en Españoles por el mundo) y bares para tomar algo de tranquis increíbles. El mejor de todos fue Kudeta, que aunque era tremendamente caro, decidimos darnos un homenaje y tomarnos una cerveza mirando el mar.

Y así se terminó el viaje a Indonesia. Me gustó mucho y fueron 4 días de relajación total. Me quedo con la tranquilidad, las vistas, los colores, el agua.....

Ahora nos esperaba nuestra visita fugar a Malasia. Cogimos el avión muy pronto por la mañana dirección Kuala Lumpur. No teníamos nada reservado, así que nada más aterrizar y con mochila a cuestas nos pusimos a patear la ciudad de los edificios altos en busca de donde dormir. Finalmente encontramos un hotelillo tirado de precio ( nada que ver con los dos de Bali claro) encima de dos o tres restaurante de comida china donde olía a fritanga que te morías. Pero nos daba igual, solo era para una noche y estaba en el centro centro. Dejamos las cosas, nos pegamos una ducha y nos pusimos a patear la ciudad.

La primera impresión fue de volver a mi mundo real. Una ciudad mucho más occidental, con calles, tiendas, trafico normal... Una ciudad moderna y llena de edificios altos, pero sobre todo limpia. No pudimos subir a las Petronas pero tengo que decir que desde abajo impresionan muchísimo. Madre miá, ¡qué altas!

También nos dedicamos a la lucha del reloj. Mi padre y mi primo Pablito me habían encargado que les comprara relojes de imitación, que al parecer es bastante famoso allí. Pues eso hicimos. Nos fuimos a un mercado en el que solo había puestos y puestos de relojes. Tras marear a Belén mucho, compré lo que me habían pedido, aunque casi pegándonos con uno que quería timarnos.

La verdad es que no es una ciudad muy grande y en día y medio da tiempo de sobra a patearse el centro. Se echaba de menos un poco de vida normal.... Al final terminamos cenando en un restaurante español que nos supo a Gloria.

Y así terminó nuestro querido viaje, con pena pero contentas porque quedaban 2 días para volver a España.. Empezaba la cuenta atrás. Llegar a Bangalore, empaquetar y volar.

jueves, 21 de julio de 2011

Fiesta de sarees y Oktoberfest en India



Durante el mes de octubre fuimos a una especie de Oktoberfest pero en India. Estaba montado a las afueras de la ciudad, en un reciento en el que se suelen celebrar fiestas religiosas etc. Fuimos Ashwini, Rodik y yo más amigos indios de Ashwini. Allí también vi a Belén y Maialen. El complejo estaba lleno de escenarios con conciertos, barras de cerveza por todas partes, algún juego que otro..La verdad que nos lo pasamos bien excepto por la pelea del final... Un amigo de Ashwini se enfrentó a otro y hubo un poco de lío. Al final nos acabamos marchando de mal rollo, sobre todo Ashwini... Rodik (que es ruso pero vive en Alemania) disfrutó muchísimo, por un momento parecía que estabamos en Munich de verdad.



Otra de las cosas que tengo que comentar de octubre fue la fiesta de sarees que organizamos en casa de Vidya. En realidad la idea inicial era ir a un “evento” religioso que se organizaba en un recinto. Asistir a la puja primero (ritual religioso que se realiza en numerosas ocasiones para presentar respeto a ídolos.) y después dar una paseo por la larga pasarela de puestos con diferentes tipos de comidas, la gran mayoría de ellas de Calcuta.

Estuvimos en casa de Vidya vistiéndonos y haciendo el tonto, y como no, nos entretuvimos tanto que llegamos cuando la puja se había terminado. Al final nos dedicamos a probar cosas que nos iba diciendo Joy, que estaba encantado de comer platos de su tierra.






miércoles, 20 de julio de 2011

Nivel 2 y comienzo de despedidas




Durante las últimas 2-3 semanas estuve dando clase a los que he considerado uno de mis mejores grupos. Es verdad que al principio me agobié mucho con los horarios, eran muchas horas de clases y luego tenía que irme hasta Tarang, tenía la impresión de que no daba abasto (y ellos menos, que tenía que explicarles todo en 2 semanas, todos los tiempos de pasado, futuro etc), pero luego mereció la pena. Por primera vez, mis alumnos me propusieron hacer planes más allá del instituto y fue realmente divertido. Organizamos una cena en casa de Prachi (ella había sido su profesora en nivel 1) y resultó genial. Comimos hasta una especie de gambas, pero como no... con salsa picante ;)

Justo antes de volverme a España, alumnos de dos grupos me propusieron salir a comer-cenar en plan despedida. Los últimos días fueron una autentica locura, así que decidí juntarlos e ir a comer mi último día de instituto. Por aquellos días Gloria ya se había ido a España y Poupoute y yo estábamos extresadas dejando la casa vacía.

La comida me dio mucha pena, se notaba que me apreciaban un montón y que no querían que me fuera. Varios de ellos tuvieron algún que otro detalle conmigo y una de ellas se trajo a sus hijas pequeñas, que me conocían de oír a su madre hablarles de mi.

La verdad es que fueron 2 grandes grupos con lo que yo también aprendí.


Fiestas Ives, Embajada española y nuevas amigas




Justo antes de irme de viaje con Adri y Paula, una amiga india me dio el teléfono de una chica española que al parecer estaba con la misma beca que yo en Bangalore pero en una empresa diferente. Por aquella época me apetecía conocer gente nueva y después de dudar un montón si llamar o no, decidí mandarle un mensaje. Hablamos y acabé cenando en su casa con ella (Belén), otra chica española, Maialen, y algún extranjero más. Ese día fui a mi primera fiesta Ives. Y ahora es cuando os preguntareis qué es eso. Pues bien, se trata de un club que organiza fiestas y eventos en Bangalore. Todos los guiris suelen ir a las fiestas, hay una pagina web en la que te registras y te avisa de todo lo que se mueve por la ciudad. Maialen llegó antes que nosotras, en enero o así, y Belén (que trabajaba con ella) lo conoció por medio de ella. Además el jefe de ambas (Ricardo) estaba muy metido en cosas de la ciudad, llevaba en Bangalore muchos años. En 10 minutos me enteré de que había mucha más gente española de la que yo pensaba, y de que se veían de vez en cuando.

La primera fiesta a la que fui fue en un hotelazo de 5 estrellas. Es paradójico porque parecía que estábamos en cualquier lado menos en la India; listas para entrar, tacones, gente vip.... Nada más llegar, Belén empezó a presentarme a un montón de gente: indios, franceses, ingleses, australianos, sudamericanos.... Era como conocer otro mundo dentro del mismo Bangalore. Me lo pasé realmente bien.

A medidas que iba pasando el tiempo fui haciendo más planes con ellas. Cafés, cine, compras, más fiestas... Llegamos incluso a ir a una que organizaba la Embajada Española en uno de los mejores hoteles de la ciudad. El Embajador, o Consul, no lo recuerdo, se había encargado de invitar a todos los españoles residentes en la ciudad por medio de Ricardo. Y ese día fue cuando conocí a todo el mundo. Primero hubo un espectáculo de flamenco mezclado con bailes indios, me encantó. Después un cóctel donde conocí a algunas chicas que habían sido profesoras del Instituto Hispania antes que yo y que lo habían dejado por los mismos motivos que todos pensábamos: mal pagado, miles de horas y fines de semana ocupados. Todas ellas, por diversas razones, habían decidido quedarse en la India y trabajaban ahora en otras empresas. Fue una noche divertidísima en la que me inflé a comer comida española ( jamón serrano, paella, quesos, tortilla..) y en la que terminé bañándome con vestido, medias y tacones en la piscina del hotel. Luego fueron tan amables de dejarnos unas toallas...


Otra de las actividades que recuerdo de estos días fue una exposición en una galeria-casa que estaba llena de homosexuales. La verdad es que nunca me llegué a enterar bien de que iba el rollo, había incluso un concierto dentro de una habitación, pero de lo que sí me di cuenta fue de que los/las protagonistas de las fotos era Hijras, que no sé si lo he comentado alguna vez pero son “miembros de un tercer sexo, intermedio entre los géneros masculino y femenino. La mayoría son varones o intersexuales, pero algunas son mujeres. La mayoría de los hijras se refieren a sí mismas en femenino y suelen vestir como mujeres. A falta de un censo oficial las estimaciones oscilan entre 50.000 y los 5 millones de hijras tan sólo en la India”. Fue una noche diferente, con la correspondiente pelea en el rickshaw que no me quería dejar en la calle que le había dicho y le amenacé con llamar a la policía.


jueves, 26 de mayo de 2011

House Warming Ceremony


Cómo ya escribí hace tiempo, la secretaria que trabajaba con nosotras en el instituto, Ramya, nos dejó a finales de septiembre al quedarse embarazada. Pues bien, el 10 de octubre nos invitó a todos a la inauguración de su nueva casa. Al parecer, en la India, es tradición antes de irse a vivir a un nuevo piso hacer una serie de “ritos”. A pesar de la estrechez de algunas calles en los diferentes barrios, las familias instalan carpas alargadas donde se colocan mesas y los invitados se sientan y se les sirve comida (hoja de platano y, como no, arroz con diferentes salsas. Yo era evidentemente la única guiri y todo el mundo miraba lo nula que era para comer con la mano...). Pero lo más importante es la oración que tiene lugar dentro de la casa. Nosotros (fuimos Albin, Prachi, Anil, la chica de la limpieza y yo) llegamos un poco tarde y nos los perdimos, pero Ramya me contó, más o menos, en qué consistía. La pareja, junto con un “cura”, rezan y hacen oraciones en una de las habitaciones. Las ofrendas me recordaron un poco a las que había visto en la boda, un recipiente con agua y lleno de hojas y flores. Además, en la parte de arriba de la casa, en la azotea, se coloca fruta troceada ( creo que era calabaza o coco, no me acuerdo bien) para tener buenas vibraciones y ahuyentar las energías negativas.

La verdad es que me resultó interesante ver todo aquello. Ramya me contó que a partir de ese día ya podían dormir allí, pero no antes. Nos enseño la casa y además nos dio un regalito al final, unos dulces y dos copitas de plata pequeñas. No estuvimos mucho tiempo, pero mereció la pena ir. Además se veía que era un barrio tranquilo y no muy barato, o al menos eso me dijo Prachi. Recuerdo que nos costó mucho llegar hasta allí y que nos reímos muchísimo en el rickshaw mientras andábamos perdidos.

Todavía conservo la invitación que Ramya no envió a Manisha, Gloria y a mí ( ellas no pudieron ir) . Esto es lo que decía:


Sri Thripurasundari Krupa

Smt. Ramya Urs & Sri. Kashyap S Raj

(S/o Smt B. Vijaya Urs & Sri Subramanya Raje Urs, Agrahara Mysore

Solicit your gracious presence & blessing

with your family on the occasion of the

House Warming Ceremony

of their newly constructed house

“SHASHWATHI”

On Sunday the 10th October 2010 at 11.30

Lunch: 1.00 pm

Venue: 269, 4th 'C' Main Road, 4th Phase,

J.P. Nagar, Bangalore 560078


Best compliments from: Smt B. Radha & Sri M.N Srikanta Raje Urs, Mysore.


Os dejo algunas fotos de ese día. Como veréis llevo puesto un kurta.


jueves, 19 de mayo de 2011

Tarang

Creo que después de todo el tiempo que ha pasado toca sentarse y terminar lo que comenzó hace justo un año. Aquel 22 de mayo de 2010 me subía a un avión rumbo a un país cultural y geográficamente desconocido para mí. Ya han pasado cinco meses desde mi vuelta y no quiero terminar esta experiencia única sin dejar escrito mis últimos días allí.

Tras los días que pasé con Adri y Paula en Goa y Kerala, me dí cuenta que apenas me quedaba un mes en la India. Me propuse aprovecharlo al máximo y disfrutar de lo que llevaba viviendo los últimos seis meses.

En el instituto cambiaron un poco las cosas, pasé a tener muchísimo muchísimo trabajo. Decidieron que empezara a dar clases en una empresa de software llamada Tarang. Pero además de eso, tenía clases por las mañanas de nivel 2, con un grupo que resultaría ser de los mejores que tendría durante mi estancia allí. Tarang estaba situado a las afueras de la ciudad, concretamente en Whitefield Road, en Hoody. Todos los días a mediodía venía a buscarme un coche de la empresa. Además de recogerme a mí, se subían otros tres o cuatro empleados por el camino. He de reconocer que los primeros días estaba super cabreada con el Instituto por hacerme ir tan lejos a dar clase y encima pasarme una hora de ida y otra de vuelta hasta llegar al sitio. Pero luego todo resultó mejor que bien y estuve muy a gusto allí. El trayecto era francamente divertido. Generalmente estaba muy cansada, me acostaba tarde y empezaba las clases pronto por la mañana, así que mi intención siempre era poder dormir un poquito durante esa hora de viaje. ¡La verdad que resultaba imposible!. Primero recogíamos a uno de mis alumnos, algo raro, la verdad. Siempre andaba pululando con el móvil o mp3 y esperaba a que recogiésemos al segundo para hablarle de los últimos hits. Éste último vivía en una zona que me llamó bastante la atención. Algunas partes eran más humildes que otras, llenas de casas pequeñas y chabolas, puestos de fruta, tiendillas, modistos cosiendo en mitad de la calle, niños descalzos con uniforme corriendo o sentados en montículos de arenilla.... Pero luego podías ver a gente como este chico, trajeao, y al que recogíamos para ir a trabajar. La última de la cola era una de las secretarias, que por lo que me contaron no era muy agradable y además no hacia nada.

El edificio tenía varias plantas, yo trabaja en la segunda. Ahora es cuando me toca explicar a qué se dedicaba la empresa y qué es lo que tenía que hacer yo exactamente. Se trataba de una especie de call center que intentaba vender minutos para llamar en diferentes chats. Me explico. La empresa tenía un convenio con una empresa canadiense. Pues bien, gente de Estados Unidos y Sudamérica llamaba a la India para elegir un tipo de linea, comprar minutos y llamar luego entre diferentes estados estadounidenses o en el suyo propio. Había diferentes tipos de linea: chicos con chicas, chicos con chicos, chicas con chicas... Y en la empresa había dos equipos, el de español y el de inglés. En el de español trabajan varios uruguayos y algún indio, y en el de inglés casi todo indios. Mi función era practicar español con tres indios, de manera que pasaran una especie de examen ( una llamada que les hacían desde Canadá) y fuera capaces de responder llamadas en el equipo de español. Al principio me agobié mucho, les expliqué, tanto a mi jefa como a los de la empresa, que necesitaba que me facilitaran material para prepararme las clases, saber como era esas llamadas, como se hacían las ventas etc. Antes de empezar las clases, Tarang me mandó no se cuantos emails con power points sobre las diferentes líneas, explicándome en que consistía cada una. Y la verdad es que no me sirvió de nada, y me enfadé ;). Le dije a mi jefa que no quería hacerlo, que tenía muchísimas clases ya y que no daba a basto, y menos con algo que no tenía sentido alguno (en las diapositivas sólo salían anuncios tipo ¿quieres hablar con las chicas? ¿pasar un buen rato? E iba acompañado de una foto de una tía medio en bolas). Les había pedido posibles preguntas de clientes y conversaciones reales entre los teleoperadores y los clientes, de manera que pudiera hacerme una idea de cómo tenía que hacer la clase. El primer día fui cabreadísima, seguían sin pasarme nada y encima había tardado como una hora y media en llegar. Me dediqué a repasar con ellos conjugaciones verbales y dudas que tuvieran. Eran tres chicos jóvenes que habían estudiado español años antes, hasta niveles altos, pero lo que necesitaban era practicar; entender entendían perfectamente. Ese día, el jefe me dijo que uno de los uruguayos me acompañaría los primeros días para ayudarme un poco. Al final fuimos él (Germán) y yo los que decidimos como hacer la clase. Se quedó conmigo todos los días y fue el que más me explicó cómo eran las dichosas llamadas. Nos dedicábamos a simular llamadas; los indios nos vendían los paquetes de minutos y él y yo eramos los clientes. Después subíamos a la sala donde se hacían las llamadas reales, y con los cascos y el ordenador volvíamos a simularlas pero esta vez con datos verdaderos de clientes que aparecían en el ordenador. He de reconocer ahora que terminé pasándomelo genial, que tanto el grupo de uruguayos (siempre me acompañaban a comer a la azotea de la empresa, donde había un restaurante, y me invitaban a mil planes) como los alumnos de Tarang fueron majísimos y que nos reímos mucho durante todas las clases. El último día me regalaron un cuaderno con cosas escritas en sus diferentes idiomas (Hindi, Tamil...) y ahora, de vez en cuando, me escriben.






Lo del restaurante en la azotea era como un "comedor" para los empleados. Lo pongo entre comillas porque eran cuatro mesas plantadas, pero me encantaba comer allí al aire libre. Había dos partes, una en la que podías coger comida gratis, la pagaba la empresa (siempre arroz con salsas), y otra en la que había un paisanin al que podías encargar noodles y 3 cosas más. Ahí estaba él con una especie de cacerola mezclando todo... :S. Los uruguayos y yo siempre le pediamos a él, al menos sabiamos que eso no nos hacia daño....

sábado, 20 de noviembre de 2010

viernes, 19 de noviembre de 2010

Burocracia en la India...



LLevo tiempo queriendo escribir sobre como funciona la administración y burocracia en este país. Como muchos de vosotros sabéis, tuve bastantes problemas con el tema del visado. Al ser la primera vez que venía a la India (mi visado) no podía ser de más de seis meses. Cuando lo solicité me dijeron que no tendría ningún problema para ampliarlo aquí, pero resulta que no fue así. Nos pusimos en contacto con nuestra tutora, que vive en Delhi, para preguntarle cuál era el procedimiento. Lo lógico y normal es que ella hubiera tenido al menos alguna idea de lo que teníamos que hacer, al fin y al cabo es la que se " encarga" de nosotras. Lo pongo entre comillas porque yo ni la conozco en persona y he hablado con ella cuando yo la he llamado. Pues bueno, ni idea, pero lo que es ni idea. Tuvimos que ir Gloria y yo a la oficina de inmigración y enterarnos de todo. Nos dijeron que con un tipo de visado B (Business) como el nuestro teníamos que ir a España a renovarlo. Por supuesto la culpa de tener este visado no era nuestra sino de nuestra querida tutora que en su día dijo que daba igual cual pedir. Después de pasarnos mañana enteras en inmigración intentando enterarnos de nuestras opciones, conseguimos que la embajada de España mandara un fax solicitando la extensión.
Nos llevó varias semanas reunir todos los documentos. Necesitabamos copias y originales de absolutamente todo (contrato de trabajo, contrato de alquiler, billetes de avión, cartas de invitación de la empresa, informe de la dichosa policia...) Y digo dichosa porque no creo que haya odiado tanto a alguien aquí como a uno de los policias con los que tuvimos que hablar. Después de llevar alrededor de 7 horas pululando por la ciudad, yendo de una comisaría a otra, nos topamos con este impresentable que terminó con mi paciencia. Nos vaciló y se rió de nosotras como quiso y se creyó en todo momento superior a nosotras. Yo me puse tan nerviosa que hasta empecé a medio gritar, lo que no le sentó muy bien al Sr.policía... Me amenazó con llamar a inmigración y decir que me devolvieran a España y en ese momento me entraron unas ganas locas de decirle ¡Hágalo!, ¿Se cree que me estoy creyendo que es alguien o qué? Mindundi... Me dijo que no me enfrentara a la policía, que podría tener muchos problemas... pero lo único que consiguió es que me enfadara más. Nos hizo estar allí como 5 horas y finalmente conseguimos lo que quisimos.
Esto fue un ejemplo más de lo que Gloria y yo vemos todos los días. En el momento en el que alguien tiene algo de poder, ¡plaf! lo explota. Es una cosa alucianante como la gente se ríe y abusa de otros. Y no hablo sólo de la policía, también en los trabajos con los office boys. La gente es borde por naturaleza y sienten un deseo incontrolable de sentirse superiores a otros. Yo, de verdad, me sentí absurda discutiendo con una persona que me estaba preguntando cuál era mi nivel de estudios y estuve a punto de soltarle que seguramente superior al suyo.

Otra de las cosas que me llama la atención es la lentitud y la calma con la que se toman las cosas y la impaciencia que tienen para otras (conducir por ejemplo). Todos los meses voy al banco a cobrar el cheque de mi sueldo. Lo normal sería entregarlo firmado y que te dieran el dinero o lo ingresaran en mi cuenta. Pues no, cada mes paso allí casi una hora esperando a que me den el dinero. Primero hay que rellenar unos papeles con tu número de cuenta, nombre etc. Después ese papel se lo entregan a una mujer para que lo selle. Luego, si quieres sacar dinero, rellenas otro papel. Pero no puede ser más de 10.000 rupias (166 euros más o menos) aunque tu cheque sea de más. Entonces le vuelven a dar el papel a la chica la cual te da una moneda para que vayas a la caja a por el dinero. Sí, todo parece muy rápido pero no lo es. Entre papel y papel tienes que esperar un montón. La última novedad es que me han dado un talón de cheques. Fui ayer a cobrar y me salta el señor con que me va a dar cheques para que pueda sacar el dinero que quiera. Así que ayer, al procedimiento normal le sumé el de rellenar un cheque. ¡Por Dios! mira que se complican, ¿para qué quiero yo un talón de cheques? Soy importante y todo... ;)

La verdad es que hay que tener una paciencia tremenda para todo... Se toman su tiempo y llegas a desesperarte ( en los restaurantes, cafés, tiendas..) Tuvimos que cambiar la bombona de gas de casa y estuvimos cinco dias esperando sin poder cocinar... (Todo is coming siempre...)
En fín... que esto es la India y hay que aprender a vivir así.....

Os dejo una fotillo de un replica que han puesto del Taj Mahal cerca de mi casa... ( es todo lo cerca que voy a estar de verlo.. ;))


domingo, 14 de noviembre de 2010

Kochi, Alleppey, Ernakulam, Palolem, Baga, Arambol, Panjim (Kerala y Goa)




Aquí estoy otra vez para contaros mi último viaje, hasta el momento el mejor ya que lo hice con Adri y Paula que vinieron a verme. Ellas estuvieron viajando por el norte durante dos semanas y ya la tercera nos encontramos en Kochi, en Kerala.

Era la segunda vez que viajaba a este estado de la India pero esta vez con destinos diferentes. Nuestra idea era pasar los tres primeros días allí y luego coger un tren nocturno hacia Goa. Así que eso hicimos. Ellas llegaron unas horas antes que yo así que cuando yo aterricé ya estaban esperándome con los brazos abiertos :). La primera noche dormimos en Fort Kochi, una de las islas que compone Kochi. Alquilamos una habitación para las tres en una Guest House de la que jamás podré olvidar el olor. Adri ya me lo había avisado por mensaje antes de que yo llegara, (Cova huele a perro tanto que no se puede ni entrar ;)) pero es que todo lo que me había dicho era poco. ¡Por Dios que olor! La señora que regentaba la casa vivía sola. Su marido trabaja en Dubai, creo, y tenía tres hijos repartidos por el mundo. Así que su única compañía era su oloroso y gran perro. Pero bueno, tengo que decir que la habitación estaba limpia y estuvimos muy bien las tres juntas.

La primera mañana en Fort Kochi la dedicamos a callejear. Después de un gran desayuno en lo alto de una casa empezamos nuestro viaje. Con la guía en la mano nos dispusimos a buscar un par de iglesias. En el sur de la India es donde más católicos hay y si que se pueden ver iglesias parecidas a las nuestras. Si que es verdad que son algo más coloridas y existen algunas ramas del catolicismo que no son muy iguales pero de eso nos dimos cuenta más adelante cuando una monja nos intento contar (en un inglés imposible) la historia de un tío al que “adoraban”.

Después de la visita religiosa fuimos a las redes de pesca chinas.

Esta forma de pesca se basa en un sistema de contrapesos. Se sumerge una red gigante en el agua con unos lastres. Después 3 o 4 personas tiran de la red hacia arriba.

A lo largo de todo este paseo pudimos ver muchísimos puestos donde comprar pescado. Ya la noche anterior lo habíamos cenado, pero ya solo con la idea de poder comerlo toda esa semana yo estaba emocionada.

Poco a poco fuimos caminando y viendo las callejuelas. Era una zona muy peatonal y me gustó mucho. Siempre se agradecé salir del ruido de la ciudad. Estuvimos sentadas en el balcón de un pequeño café desde donde se podía ver toda la calle.

Por la tarde estuvimos en una sinagoga, y allí nos encontramos con dos catalanes que Adri y Paula habían visto antes en el norte. Tras una hora de chachara decidimos volver al hotel,coger las mochillas e irnos a Alleppey.

Alleppey es otros de los lugares más conocidos de Kerala. Es famosos por los backwaters, barcos-casa que se alquilan para pasar uno o varios días.

Llegamos a última hora de la tarde. Ya teníamos el “hotel” reservado así que fuimos a tiro hecho. Y lo pongo entre comillas porque aquello era una especie de comuna en la que no se sabia ni quien trabajaba allí. Eran pequeñas cabañas dispuestas alrededor de una casa donde andaba todo el mundo pululando. Dejamos nuestras cosas y nos pusimos a negociar con un tío rarísimo (al que denominamos “el oscuro”) el barco del día siguiente. Finalmente decidimos no asegurar nada hasta verlo la mañana siguiente.

Esa noche tuvimos nuestro primer problemilla cuando mi querida amiga Adriana se cayó por una alcantarilla en mitad de la calle. Estaba muy oscuro y no vimos el agujero de la acera. Al principio nos asustamos mucho, ya que sólo se veía su cabecilla, pero de repente salieron 10 personas de la nada ( la calle estaba vacía) que nos ayudaron a sacarla. Volvimos de inmediato a la cabaña para que se quitara toda la mierdecilla de encima ;)

Por la mañana pronto fuimos a ver el barco. El tío, como es común aquí, no nos había dicho toda la verdad, aunque bueno, al final nos salió bien la jugada. Nosotras habíamos pedido un barco pequeño ( de 2 personas) pero resulta que se lo había dado a otros. Finalmente cogimos un barco de 4 por el precio del de dos. La única diferencia es que éste tenía dos habitaciones (osea 4 camas) y el otro dos. Así que nada, después de desayunar y de que comprar unas banana chips ( patatas como de platano típicas de Kerala) iniciamos nuestra pequeña travesía.

Alleppey es una “ciudad” llena de canales y puentes. (GUIA). Desde el barco pudimos ver lo diferente que era la vida allí. Niños yendo al colegio en barco (eso si con uniforme), gente vendiendo pescado a las orillas del río, gente recogiendo arroz en inmensos arrozales... Fueron 24 horas de relax viendo una cultura totalmente distinta. En nuestro barco iban también el conductor y el cocinero. Fueron muy majos con nosotras y nos trataron como reinas ;). Nos prepararon la comida, cena y desayuno, y aunque no todo era a lo que estamos acostumbradas, puede decirse que comimos muy bien ( sobre todo la especie de potaje de por la mañana ¿verdad niñas?). Eso sí, tomamos un chai riquísimo.

A media tarde pudimos darnos un chapuzón en mitad de uno de los canales. Al principio no estábamos muy convencidas con eso de bañarnos en un agua en el que ni siquiera se veía el fondo, pero luego nos dio un poco igual y ¡al agua patos! Pronto se hizo de noche y nos dedicamos a charlar hasta que nos acostamos.

El tercer día del viaje fue un poco movidillo. Dejamos el barco a las 9 y pico de la mañana y fuimos a buscar un autobús que nos llevara a Ernakulam ( otra de las islas que forma Kochi). Esa noche cogíamos un tren hacia Goa así que decidimos visitar esa isla. Tras una hora y media de viaje y después de dejar las mochilas en la estación cogimos un rickshaw que nos llevó a la zona marítima de la ciudad. Estábamos cansadas y hacía muchísimo calor.... así que decidimos sentarnos en una cafetería a tomar algo fresquito porque sino el sol iba a acabar con nosotras.

Con las pilas recargadas pateamos el centro de la ciudad. Fuimos a un mercado de frutas y verduras que creo que, hasta el momento, es uno de los que más me ha gustado. Tenía muchísimo colorido.

Rápidamente nos dimos cuenta de que la ciudad no tenía mucho que ver y que era tan sucia para caminar como el resto de India. A última hora de la tarde, y tras llenar la mochila de comida para las 14 horas de tren, volvimos al paseo marítimo a ver el atardecer. No recuerdo haber visto un sol tan rojo-anaranjado en los 6 meses que llevo aquí...

A las 20.00 finalmente salió el tren con destino la PLAYA!!Fue un viaje bastante largo, con ratón por el suelo incluido, pero la verdad es que yo al menos pude dormir...

Llegamos al sur de Goa el cuarto día. El sitio en cuestión se llamaba Palolem y nos habían comentado que era una de las playas más bonitas del estado más pequeño de India. Nos fuimos directamente a la playa con nuestras mochilas a buscar una cabaña para dormir. Tras ver unas cuantas nos decantamos por una. Teníamos unas ganas locas de bañarnos así que eso hicimos.

Palolem es una gran cala de arena blanca rodeada por palmeras. Tiene el tamaño perfecto para pasear y poder encontrar un sitio más tranquilo en el que tumbarte sin que nadie te moleste... Eso es lo que hicimos nosotras. Nos fuimos al final de la playa y allí nos instalamos entre rocas ( vale que nuestra intención también era poner a secar todas nuestra ropa mojada ;)). Aquello parecía supervivientes...Era una playa paradisíaca.

Por la tarde dimos un paseo hasta el otro lado de la playa, donde Paula descubrió otra zona de cabañas alrededor de una montaña. Desde allí se veía toda la playa e incluso había gente haciendo yoga. Una vez más pudimos ver uno de esos atardeceres que no se olvidan...

De camino a nuestra cabaña nos paramos en un bar super chulo de la playa. Buena música y ambiente para seguir descansado ;). Por la noche salimos a cenar y a ver la calle principal cerca de la playa. Estaba llena de restaurantes y tiendas de ropa y joyas. Había muchos turistas pero no era agobiante. Dicen que Palolem se caracteriza por eso... mucha gente, muchos mochileros pero el ambiente es muy calmado. No es precisamente un sitio de fiesta.

El segundo día también lo pasamos en Palolem. El único problemilla fue que nos levantamos y estaba lloviendo. Estuvimos en la playa a ratos y, aunque estaba nublado, alguna que otra se achicharró. Por la tarde estuvimos comprando regalillos y ya por la noche nos cogimos un taxi que nos llevo a la siguiente parada en Goa, Baga.

Yo ya había estado aquí antes así que todo fue un poco más rápido. Ese día nuestro único objetivo era salir sin parar. Llegamos, nos duchamos, cenamos y nos fuimos a un bar. Había muchísima gente, dicen que para salir en Goa es el mejor sitio, y se notaba que había muchos más turistas que hace mes y medio. Esa noche conocimos a un grupo de ingleses. Algunos de ellos habían estado viviendo en Madrid y hablaban perfectamente español. Estuvimos bailando toda la noche y terminamos en la playa a las 6 de la mañana. Al final la policía nos echo.

El tercer día en Baga fue un poco “de vagos”. Estaba lloviendo y estábamos reventadas de la noche anterior. Nos levantamos tarde y fuimos a comer a la playa. Por la tarde Adri y Paula dieron un paseo pero yo me dediqué a dormir ;). Ya por la noche fuimos a cenar a un restaurante que me habían recomendado, en la playa también. Volvimos a quedar con el grupo de ingleses y estuvimos charlando un buen rato.

El cuarto y casi último día decidimos ir al norte de Goa. Alquilamos un par de motos y nos pusimos rumbo a Arambol. Era la segunda vez que conducía una moto por la India pero no se me había olvidado la sensación. Todo tan verde y con esa sensación de amplitud... Disfruté mucho.

La playa de Arambol me pareció más bonita que Baga pero menos que Palolem. Otra vez pudimos ver el rollito mochillero-hippy y la tranquilidad que reinaba en la playa. No era el mejor día del verano ni mucho menos, estaba nubladillo, pero estuvimos igual de bien...Antes de que anocheciera cogimos las motos otra vez y volvimos a Baga. Era nuestra última cena :(

La mañana del último día la pasamos en Panjim, capital de Goa y antigua colonia portuguesa. Llegamos pronto por la mañana y con mochila a cuestas nos pusimos a patear la ciudad. La verdad es que no dio tiempo a ver mucho, yo tenia que coger el avión, y estábamos ya cansadas. De lo que si pudimos darnos cuenta es de la influencia portuguesa en la ciudad: el nombre de las calles, de los sitios...También fuimos a un mercado de pescado.

A medio día cogí un taxi y me despedí de ellas... Fueron 8 días perfectos que no se me van a olvidar nunca: las tres en la India.


sábado, 30 de octubre de 2010

Largo viaje....

Sé que me he vuelto a despistar con esto del blog pero me resulta complicadísimo encontrar tiempo...Prometo sacar tiempo y contar las cosillas que me faltan pero ahora no va a poder ser...
Adri y Paula llegaron hace dos semanas a la India y mañana me reuno con ellas ¡¡por fín!! Después de mis clases cojo un avión a Kerala, el estado del sur, y allí nos juntamos. Vamos a estar tres días entre Kochi y Allepey y luego nos vamos en tren a Goa, a disfrutar de la playita otros cuatro días.
Tengo muchísimas ganas de ir y van a ser ocho días que no voy a olvidar nunca, estoy segura.
La verdad es que estoy deseando salir del estrés de la ciudad porque desde que mi jefa dejo el trabajo ( la jefa de aquí, que está embarazada) no paran de cambiarnos clases etc y es un lío. Me espera un mes de noviembre lleno de cosas pero bueno, luego en diciembre nos darán días libres y pretendo subir al norte, ver Agra y alguna cosilla más...

Lo dicho, vuelvo el día 8 y tendré millones de cosas que contar

Muah!!

lunes, 18 de octubre de 2010

Goa










Y llegó el momento de hablar de Goa!!!

No sé cuantos de vosotros habríais oído hablar de este lugar de India antes, pero a mi me sonaba de “poco” y ha sido un gran descubrimiento. Como todos los sitios a los que he ido pues los días se me quedaron escasos, pero en este caso me da más igual porque voy a volver dentro de poquito y más días!!

¡Y que puedo decir de Goaaaaaaa! Pues se trata del estado de India más pequeño en extensión. Está situado en una zona tropical cercana al mar Arábigo y tiene un clima templado y húmedo la mayor parte del año. Según lo que me han comentado desde que llegué a Bangalore, la mejor época para ir es de octubre a marzo, es temporada alta y se llena. Así que ahí fuimos nosotros a principios de este mes a dar fe de ello. Como casi siempre nuestros horarios no coinciden así que tuvimos que hacer varias tandas. Cogimos un autobús nocturno que tras unas deliciosas 14 horas de viaje nos dejó en la capital de este caluroso lugar, Panaji. Una vez allí, y siguiendo siempre los consejos de algunos amigos indios, nos subimos en una furgoneta y nos dirigimos a la zona de Baga Beach. Una vez dejadas las cosas en un pequeño hostal y con unas ganas locas de zambullirnos en el agua, nos pusimos los trajes de baño y nos fuimos a la playa más cerca, unos 10 minutos andando. Por el camino pude hacerme un poco a la idea de como era todo aquello: tiendas, bares, restaurantes, inmensas playas y cientos de extranjeros. Evidentemente se notaba que no era más que el principio de la temporada, pero ya se empezaba a notar la llegada de turistas ansiosos por tomar el sol.

Al igual que todos los demás extendimos nuestras toallas con idea de tostarnos hasta que, para nuestra sorpresa, nos empezaron a rodear incansables vendedores ambulantes. En sólo cinco minutos teníamos a nuestro alrededor piñas, tés, collares, pulseras, faldas.... una gran variedad donde elegir. Pero llega un momento en el que se hace pesadísimo porque no te dejan en paz y no puedes hacer nada. Sin embargo, algunos de ellos fueron muy divertidos con nosotros y nos reímos un montón.

Estuvimos en la playa casi todo el día y a última hora nos tomamos unas tortitas de chocolate ( bueno solo yo jeje) en una terraza a pie de playa, donde pudimos ver un atardecer precioso.

Después de reponer fuerzas y de pegarnos una ducha salimos a cenar. Ahí empezó lo que sería mi primera gran fiesta en Goa (espero ansiosa las demás :)). Quedamos con una amiga nuestra de Bangalore, es Dj y durante estos meses se muda a Goa a pinchar en diferentes discotecas. Nos recogió con otros amigos suyos en un jeep descapotable, chulísimo, y fuimos a otro bar a seguir comiendo. Éste último estaba en la playa y se podía sentir la arena bajo los pies. Con el estomago bien llenito nos dispusimos a empezar la fiesta.... Primero estuvimos en un bar cerca del hostal y luego en otro más cerca de la playa. En ambos nos lo pasamos genial y no paramos de bailar.

Cuando nuestros pies ¡basta! volvimos al hotel.... estábamos agotados del día de playa más el viaje en bus.

El segundo, y último día para mí, decidimos cambiar de playa. Ésta me gusto más que la del día anterior, había menos gente y estaba rodeada de cantidad de palmeras y vegetación muy verde. Se llamaba Anjuna Beach

El mar estaba un poco revuelto pero eso no nos impidió nadar un buen rato. El socorrista se estresó muchísimo con nosotros y otros extranjeros que estaban a nuestro lado. Se debía pensar que nos íbamos a ahogar o algo y no paraba de tocar el pito y de gritar que no nos alejáramos. Mira que les gusta hacer ruido en este país jeje.

A media tarde yo me tuve que volver al hotel para pegarme una ducha y volver a la capital para coger el autobús de vuelta a Bangalore. Esta vez iba en un bus cama, nunca antes lo había visto, y menudo show. Lo que yo no sabía, me enteré casi justo antes de subirme, es que compartía litera con alguien... Sí, así como lo oís. Por suerte me tocó con una chica Tailandesa que trabaja en Bangalore y había ido a pasar un par de días con su novio. Fue super extraño porque la verdad no había mucho espacio, pero bueno, conseguí dormir algo.

Llegué a eso de las 11 de la mañana.. el tiempo justo para pasar por casa e irme a trabajar.

Disfruté mucho del tiempo en Goa. Estoy deseando que pasen estas dos semanas para repetir... Es una India distinta...



domingo, 17 de octubre de 2010

Hampi

Voy a seguir poniéndome al día con esto a ver si llego a hoy...

La boda india fue prácticamente lo último interesante que hice antes de irme a Santander 10 días a la boda de mi prima Make. La última semana de agosto en Bangalore estuvo llena de fiestas, compras y despedidas (algunos de mis amigos aquí ya terminaban sus prácticas y volvían a casa).

El tiempo que pasé allí fue perfecto. Era finales de verano y no había mucha gente pero me lo pasé genial, estuve en casa ( que lo echaba taaaanto de menos) e hice montones de cosas. Disfruté los días de playa como ningún otro verano, agradecí la comida más que nunca, la boda de Make fue divertidísima y ella estaba guapisima, Santander estaba increíblemente bonito, y como no... las fiestas no fueron menos... La fiesta española sigue siendo la mejor sin duda y creedme, se echa en falta...Volver a casa a las 8 de la mañana casi cuatro días casi seguidos sólo se puede hacer en España ;)


Pero aquí estoy otra vez y todavía me quedan muchas cosas por ver.

Voy a escribir hoy sobre Hampi, una ciudad también conocida como Ciudad de la Victoria que fue capital del Imperio Vijayanagara. Esta al norte del estado de Karnataka y fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1986.

Tenía muchas ganas de conocerlo, me habían hablado muy bien de este sitio. Pero para variar no tuve muchos días para visitarlo y me quedé con unas ganas locas de volver más días.

Alquilamos un coche-furgo que nos recogió el sábado alrededor de las tres de la tarde. Nos habíamos dividido en dos grupos. Unos cuantos salieron el viernes por la noche y los que trabajamos el sábado, el sábado a medio día. Desde luego la mezcla de culturas y razas dentro de la furgo no podía ser más grande: una sudafricana, una alemana, dos españoles, una medio egipcia-alemana y un indio. Nos reímos mucho durante el viaje hasta que se empezó a hacer pesadísimo. La carretera a Hampi es de las peores por las que he ido nunca. Una cantidad de baches infinitos que no terminaban nunca.... Finalmente, después de perdernos y de 12 horas de coche, llegamos.

Hampi está dividido por un río inmenso. Nos habían aconsejado que nos quedáramos en la parte en la no hay apenas comercio ni “nada” que ver, ya que es más tranquila. El primer grupo había reservado habitaciones en una especie de cabañitas de dos con su baño dentro. El “ hotel” me encantó. Todas las cabañas con sus hamacas en la entrada y luego una parte común para estar tirado, relajarse y comer.

Por la mañana pronto, agotados por el viaje y tras meternos un gran desayuno, empezamos la excursión. Lo primero fue coger una barquita que cruzaba el río. No había otra forma de hacerlo a menos que quisieras ir en coche muchos kilómetros. Una vez en la otra parte empezamos a ver templos, templos y templos y ruinas. Lo mejor que se puede hacer en Hampi para poder ver toda la zona es alquilar motos. Y eso hicimos. Es baratísimo y a mi ya sabéis que no me puede gustar más llevar una... Yo compartía una moto con un amigo italiano y madre mía....nos turnamos para conducir y en una de las veces que la llevaba él cogimos un bache y nos fuimos al suelo pero bien. Yo tuve la rodilla abierta durante dos semanas y él la mano, pero bueno, fue más el susto. Cuando la cogí yo disfruté muchísimo. Efectivamente la gente tiene razón y Hampi es para verlo así. Puedes moverme por mil caminos, hartarte a ver templos y ruinas, y sobre todo kilómetros y kilómetros de plantaciones muy verdes.

Uno de los problemas a la hora de visitar sitios es que anochece muy pronto. La última barquita cruzaba el río a las cinco y media de la tarde pero nosotros conseguimos que un chico, con barca propia, nos llevara más tarde. Ese momento si que fue de relajación total. 9 personas en medio de un río, en la más completa oscuridad y rodeados de numerosas edificaciones en ruinas...Cuando llegamos al otro lado nos tuvieron que guiar hasta que finalmente pudimos coger un rickshaw hasta el hotel. El rickshaw era mucho más grande que los de Bangalore y pudimos meternos todos en uno, fue muy divertido.


Una vez en el hotel empezamos a prepararnos para marchar. Ahí volvíamos a dividirnos. Las alemanas seguían su viaje hacia Goa y los demás volvíamos, de diferente forma, a Bangalore. Justo antes de salir de Hampi pudimos ver por la calle como muchísima gente celebraba una de sus fiestas en honor a un dios (Ganesha, dios de la sabiduría, de los caminos y de las letras) . Esta época del año en India está repleta de fiestas y celebraciones. Paramos el coche y nos bajamos a verlo de cerca... y ¡madre mía! Nunca pensé que la gente pudiese volverse tan loca al vernos... Yo no sé si es que estaban borrachos o que pero empezaron a rodearnos, a intentar bailar con nosotros y a Javi incluso le subieron en brazos y empezaron a tirarle y dar saltos... Estaban como trastornados de la cabeza, todos bailando delante de un camión con el dios y música a tope. Cuando nos fuimos hacia el coche nos siguieron, nos pidieron fotos y una vez ya dentro empezaron a dar golpes en los cristales cual famosos. Yo he de reconocer que me agobié.


Si soy sincera tengo que decir que Hampi es de los sitios que más me ha gustado hasta ahora. Es un lugar para pasar 3 o 4 días tranquilamente, pasear y relajarte. Nos hizo buenísimo, lo que ayudó a disfrutar más del color del paisaje y conseguimos evadirnos del agotador ruido de la ciudad y pasar 24 horas en el más pleno silencio.


Si se viaja por el sur lo recomiendo totalmente.